miércoles, 30 de diciembre de 2009

HRMB

Hace dieciseis años escribía aquello en lo que reparo hoy
... no tengo explicación para esto.
No te afanes en querer entenderlo porque no recibirás respuesta de mí.
Este sentimiento
que no es más que una desgarradora pasión,
persite a pesar de las ausencias,
de las indiferencias
de las distancias y los silencios
más allá de los años
más allá de las vidas
más allá de todo.
Soy el recipiente trizado de las emociones de años que no volverán.
Soy el espacio por donde se cuelan las palabras que no dije.
No lo entiendo y ya no trato de entenderlo.
Hay un momento cada cierto tiempo
en el que tu mano simplemente oprime mi corazón,
tal cual,
y la sensación de angustia me obliga a escribir
y aquí estoy
...en un misterioso ciclo que me acompaña esta última década,
el éxtasis de tu recuerdo galopando en mis sentidos
y en consecuencia las letras cayendo por arte de magia sobre el papel
luego esa libertad que me hace grande
que me hace enorme
que me hace gigante,
todopoderosa
para luego
terminar con esta zozobra de saber que nada de esto es real.

domingo, 27 de diciembre de 2009

À toi

La cursilería del cielo estrellado
me aplasta
me ahoga
me lleva
desde el fondo de mi ombligo
hasta la raíz de tus ojos claros.

Por el túnel

Cuando el tiempo pase
y la puerta que da al sol se pueda abrir,
entonces descolgaré el corazón de la muralla
y
miraré al exterior
desde el agujero que lleva
por el túnel
tu paso débil y manoseado.

XI 1997

Déjame así.
Con los ojos cerrados.
Déjame sentir un segundo más
esta tranquilidad de verme envuelta en tus brazos.
Déjame arrullarme bajo tu piel.

Ayúdame luego a sacarte de mi cabeza,
de mi corazón,
de mi alma,
de la garganta y de las tripas.

Estoy toda llena de tu calor
y de este amor condensado,
sumiso y tierno
que le gusta tanto perdonar...

Eres

Eres. Fuiste...
el hombre de mi vida.
Me queda el consuelo de haberte encontrado
incluso sabiendo que te dejé partir...

Quédate

(A Sandro Magnasco N., Q.E.P.D., con todo mi cariño y agradecimiento)

Había algo ahí
entre el dolor de tu partida
y el espacio de los árboles
peleando con el camino de piedras.

Había algo ahí,
gritando por esa mirada tuya
tan lejana hoy,
esa sonrisa estaba ahí,
entre los pájaros enjaulados
y el caballo blanco pastando.

Quédate,
aquí en mis letras,
dales el aderezo de tu risa,
de tu tabaco a medio fumar
de tus paseos en bicicleta a días de partir.

Quédate
para que no te olvide
pero deje de extrañarte.

Tu cumpleaños

Voy enredándome en este amanecer salado de junio
que viene resbalando por el calendario de mis ansias,
esta décima jornada donde se concilian tu nombre y el de ella
esta instancia en que te pienso y te siento cerca
esta fecha en que pretendo encontrar
la palabra que me lleve a ti,
el verso que se duerma en tu sonrisa.
Hoy,
necesito poner sobre la mesa
las letras que vayan directo a tus ojos
que naveguen por este tiempo
por esta distancia
y lleguen a tus brazos
en este día esperado
en que tal vez
encuentre tu voz.

Paseo a la Viña


Era un verdadero paseo de ensueño.
Los pasillos lúgubres y el frío de los subterráneos
calaba la médula de nuestros primeros años.

Mis ojos de niña querían captarlo todo
desde el momento en que emprendíamos viaje
hasta que llegábamos al gran portal
y los jardines de don Melchor nos daban la bienvenida.

Una vez en las bóvedas,
recorríamos los húmedos pasillos
siguiendo la voz de mi padre;
transitábamos por las galerías,
alucinadas con los olores, con las formas
con las empolvadas botellas perfectamente apilladas.

Las barricas agrupadas una sobre otra
en la oscuridad de los callejones
iban abriendo paso hasta la vedada cava.

Recuerdo aquel día en que conocimos
la historia perversa
de las botellas confinadas tras las añosas rejas.

Mis hermanas mayores
bromearon con aquel célebre Casillero;
yo, sin duda, corrí asustada buscando amparo en los brazos de mi padre.

Entonces salíamos a la luz
de aquellos días de primavera ochentera
y venía la caminata por los viñedos.

Una exploración osada,
en medio de las parras cabalmente plantadas.

Nuestra curiosidad imprudente
iba devorando sabores y aromas
a tierra, sol y vid.

18/07/1997

Quedé muda entre tus redes
adolorida de tanto y tanto
abrazar tus ojos ausentes.

No volví, entonces, la vista atrás.

Me pareció fogosa y destructiva
tu despedida nocturna.

Quedé invadida de silencios
y fui desapareciendo así como tú de mi vida,
esa noche yo dejé para siempre
tu puerto blanco y sonriente.

Entonces no volví a huir de tu búsqueda,
crucé la calle y abracé la soledad
con esa tierna amargura de amarte en vano...

Escondida

Mientras más me acerco a ti,
tú más alto vas.
Yo camino por el cemento de otoño,
escondida en las hojas amarillas
debajo de tus zapatos.

Otra vez

Descalza
y sin ganas,
sin tiempo para llantos,
me inclino
por debajo de tu forma
por encima de tus fronteras.

Tu recuerdo me despierta
otra vez
tan enorme
tan profundo
tan remoto
tan tierno
y lejano.

.... yo no tengo esa capacidad,
no logro entrar en tus sueños
y traerte hasta acá.

Demasiado tarde

Un grito desesperado va calando mis venas,
desintegra mi razón
y estalla hasta clavarse en tu espalda.
Tú no volteas.
Un árbol brota desde el techo
mientras salgo desnuda del mar de tus sueños,
un calambre amarillo recorre mis dedos
y por fin llego hasta tu pecho tibio
a recostarme en esas horas perdidas...
Tus manos tiemblan al acercarse
eres una herida abierta y profunda
que esconde la lágrima mal parida de mis entrañas.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Escondida

Mientras más me acerco a ti
tú más alto vas.

Yo camino por el cemento de otoño
escondida en las hojas amarillas,
debajo de tus zapatos.

Desvaríos

Me desperté
con las metáforas mal vividas incrustadas en la frente
con las heridas del pasado pegadas como musgo a la médula de mis desvaríos.

Me levanté
devorando los latidos para deambular por las ciudades
de tu pecho
y desde ahí huir
hacia donde no haya huellas
ni despedidas.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Extracto


Se acostó como todas las noches al lado del hombre que acompañaba sus días con desgano y frialdad, los últimos diez años. Cerró los ojos para recitar en silencio su prédica nocturna y pensar en sus tres hijos que a esa hora dormían abrigados, cómodos, sanos, hermosos y felices.

Lentamente comenzó a caer en un sueño profundo, conforme iba recordando al amor lejano y eterno que había hecho de ella una adolescente radiante y finalmente una mujer feliz. Volvía al pensamiento recurrente, al recuerdo impreciso de la última noche en sus brazos, volvía a preguntarse con fuerza cada noche qué habría sucedido con su vida si ese invierno, diez años antes, ella no lo hubiese despertado solicitándole la llevara a casa. Si esa madrugada no hubiese sido la última vez que se vieron. Cada noche, como todas sus últimas noches, se quedó dormida con el recuerdo tibio y formulando constantemente la misma muda pregunta (...)

Esa mañana despertó aliviada de todo pesar anémico característico de sus amaneceres. La luz del sol entraba por otro lado esta vez, el colchón era levemente más blando y las sábanas celestes ahora eran albas y suaves. Abrió los ojos extrañada aunque con una sensación de placidez que la llenaba por completo. Se encontró súbitamente bajo el mismo techo de aquella habitación amante que había abandonado una fría madrugada de invierno diez años atrás. A su lado, el cuerpo de Él le daba la espalda. Pensó que se desvacencía de terror. Recordaba con espanto las horas anteriores en que había besado la frente de sus hijos dándoles las buenas noches y había llegado a SU cama a recordar lo que en ese preciso instante estaba tocando...

De pronto, el frío y los acelerados latidos de su corazón viajaron por todo su cuerpo cuando él se dio vuelta y la abrazó preguntando como si nada y como siempre: "¿quién se quedó dormida?"

Se besaron apasionadamente como antaño. En el calor de sus cuerpos entrelazados no había lugar a preguntas. La necesidad imperiosa de vivir ese segundo, de no perder de nuevo esa humedad, la embargaron de tal manera que no recordó nada más.

Ese momento era más bien un sueño real e inolvidable. Nada podía hacerle pensar que ese momento fuera cierto, que todo lo que ella había hecho en los últimos diez años en realidad no existiera. . Sumergida en ese soplo de pasión y ternura, hizo suyo ese cuerpo amado. Revivió cada una de sus ilusiones de la mano de ese hombre al que ella admiraba tanto. De aquel al que había buscado en cada esquina la última década de su vida.

Volvieron juntos a la ducha aquella mañana de quizás qué día en quizás qué mes de quién sabe qué año.

Volvieron a amarse tiernamente. Desesperadamente. Una y otra vez.

(...)Sintiendo la suave alfombra bajo sus pies, caminó hasta el sofá donde había aún rastro de su ropa, una ropa que no recordaba y que probablemente ya no le quedaría buena. ¡¡¡¡¡Había tenido tres hijos desde aquella noche!!!

¿cómo era eso posible?

¿Dónde estaban ellos?

(...)

Cerró los ojos y cayó de rodillas preguntándose qué minuto de la última década había sido cierto.
(...)

viernes, 30 de octubre de 2009

Haz de cuenta

Me asusta que vengas corriendo
que me busques apresurado
que rasguñes
que sonrías desprotegido
porque no quiero
porque no puedo
porque me canso de solo pensar que deba acoger tus lamentos.

Haz de cuenta que no estoy
que me fui
que desaparecí
que volé
que emigré.

Me asusta que vengas con esa cara
que me detengas en medio del camino
porque no necesito
no deseo
no espero ya nada de ti
haz de cuenta que no estoy
que me fui
que desaparecí
que volé
que emigré
que me morí.

Un poco de geografía



Un poco de geografía bastaría para entender dónde han caído tantas y tantas tierras lejanas.

Nada me sorprende mientras camino por esta oscuridad que me encandila.
Voy imaginando que caminas a mi lado,
puedo sentir tu respiración,
sin embargo la noche está muy quieta para detenerme en ti.


Siento las piedras bajo mis pies helados,
cierro los ojos y los árboles van cayendo tras de mí.

Un poco de geografía me daría el relieve que necesito para cambiar de superficie…

Necesito pasto
pero el pasto está tan seco
que pincha,
que hiere,
que duele
y se burla.

De pronto

Simplemente un movimiento confuso despertó las ansias en mi
nada que quisiera entender pudiera hacerme abrir los ojos.

Soy demasiado egoísta para detenerme a pensar en ti en este momento,
voy demasiado rápido para conseguir descansar en tus brazos.

Recuéstate nuevamente sobre el cansancio de tus años,
que yo salgo a respirar por mis heridas
no necesito
no quiero
no busco nada que puedas darme dormido
ni un solo ronquido me hará despertar cuando te decidas a buscarme.

Yo sabía

Yo sabía.
Podía olerlo incluso,
lo sentía colándose por mis poros
resbalando por mi frente y mi pecho hasta perderse en su infinita búsqueda.

Yo sabía.
Solía mirar hacia otro lado
haciéndole el quite con un desprecio infantil,
sin embargo se fundía en mi melena
silencioso y atrevido
pícaro y desnudo
estremeciendo cada uno de mis mechones,
volviéndose cómplice y extraño a la vez.

viernes, 16 de octubre de 2009

Cierro los ojos


Cierro los ojos y sueño con tus besos,
con tus labios tibios acercándose a los míos
con ese carnoso y húmedo calor que me llena, que me acelera, que me perturba.

Cierro los ojos para sentir el aroma de tu boca envolviendo la mía,
y siento tu lengua rozar mis palabras, mi sonrisa, mi silencio.

Cada milímetro de mi cuerpo despierta
con ese suave contacto,
cada duda viene a dar la espalda y refugiarse en el gemido que me arrancas.

Cierro los ojos y por mis venas va el escalofrío que dejó tu vaho en mi piel.

Sobre el guiño de la luna

Volando sobre el guiño de la luna
voy borrando los recuerdos de tus resbalosas caricias en mi espalda.

En los hilos de mis raíces estaré a salvo de tu recuerdo.

Mañana será otro día y habrán pasado mil años,
un caprichoso mensaje dejará las llaves de mi vida en tu bolsillo,
entonces tal vez llegues a enhebrarte en mi cintura
y sin hablar llenes de cristal mi risa.

Tu voz
me persigue por los pasillos de ese recuerdo imborrable
que hace tantos años llena mi vida con tu ausencia.

Tu mirada celeste
me toma y me lleva,
me sonríe,
me llama,
me busca,
me deja.

Tus manos
recorren aún los rincones de esta vida que no alcanzó a despedirse de ti.

Mis escasos latidos van marcando el paso por el gélido camino de la distancia.

Yo no sabía
no imaginaba
no presentía
no sospechaba
el dolor que producía en mi pecho la añoranza de tu cuerpo.

Al despertar

Al despertar
las palabras no bastan
y el silencio de tu voz hace siempre lo mismo:
trepa por las paredes de mi soledad
haciéndose lamento
volviéndose olvido
humedeciendo mis sábanas de invierno
con cada lágrima que rueda por mi memoria.

martes, 13 de octubre de 2009

Tu mirada




Colgando del menguante de tu mirada
soy sospechosa aún
por no ser culpable de disimulo.

Me callo las ganas
de colgarme a tu cuello
y
coleccionar besos en los cuarteles de tu olvido.

Vagando herida

Por las calles de tu olvido
sigo vagando herida,
sumergida en el delirio de tu recuerdo.

Por los rincones de tu solapa
voy trepando,
cubierta de fuego y madrugada.

Tu piel no sabe de mis desvelos ...
las raíces de este dolor no podrían
sino enhebrarse en tu almohada
y yo no podría sino
ser inoportuna en tu cama.

¿qué suspenso se levantaría a buscarme
cuando sea demasiado tarde para estar sola?

Tus ojos claros


Antes no veía
si acaso miraba por aquí por allá,
no reparaba en detalles.

Hoy
me asomo un poco más allá,
sin embargo,
sigo buscando lo mismo:
toparme de golpe con tus ojos claros.

Tu olor

Desde las raíces de este refugio
a veces parece que te escucho reír
entonces voy descalza por el sol
atrapando estrofas para ti.

Trato de no hacer ruido
para que no me sorprendas colada en tu humedad,
voy en puntillas, calladita
para que no notes mi presencia.

Descubrí que sí me sucedió
que sí olvidé algo de ti, olvidé tu olor…
todo el resto:
tu risa, tu mirada, tu voz incluso
tu forma de caminar
tu piel
tus dientes
tus enojos,
todo lo recuerdo
menos tu olor.

Hoy vengo a buscar eso,
quiero volverme por el camino aquel
con tu olor impregnado en mi piel.

Voy



Voy desesperada buscando vestigios de aquella época
quiero encontrarte y no sé por dónde empezar a buscar
parece que la tierra te tragó
parece que ya no andas por ahí dando vueltas de carnero.

Fue hace demasiado tiempo,
hace demasiados años,
demasiadas horas me separan de aquella noche eterna
en que tú querías dormir.

Un siglo completo
se ha colado entre el Tequila y tu espalda.

Dime por dónde puedo ir dejando mis huellas
para que me encuentres,
por dónde desparramar las migas de esta pasión juvenil
para que llegues a mí.

Cuando te vuelva a ver
voy a confesarte que esto fue escrito para ti
y que los poemas que en la despedida te entregué
fueron escritos en otra vida
en otra estación…

Afuera



Afuera hay un frio que quiere entrar
y colarse por todos los rincones
bailar vals con mi pijama caliente.

Mi pereza va más allá,
va buscando palabras
en medio de la liturgia perdida
que me acoge en silencio.

Mi copa vuelve a estar vacía
entonces cualquier abrazo basta para dormir…

Último adiós

Estaré escarbando en los pétalos
de lavanda.
Cuando cierre los ojos y esa oscuridad sea mi último adiós,
estaré escarbando en los pétalos
de tu corazón.

Voy a andar a tientas por tu espalda de nuevo
robando centímetros blancos a tu olvido,
voy a dormir secretamente
entre tus pestañas
y voy a despertarte
sólo para que me veas partir.

Algún verso


Estoy buscando en medio del pasado
algún verso que me conmueva…
No hay nada
en todos estos legajos
siquiera una letra que me convenza.
Ni un puto verso que se asome por ahí a preguntarme a qué he venido.
Nada.

Mateo Ignacio

Sentado en el suelo
en medio de esos plásticos de colores
vas poniéndote de pie
comenzando cuentos con tu mirada bella.

Así tal cual
me miras desde allá
y tu nombre sale de mi boca con la ternura de los besos suaves
que le doy a tu risa juguetona
a tu risa rica
a tu risa alegre y espontánea
inocente y pura.

Cuando sientes que ya no te miro
tomas en tus manos un pedacito de vida y la observas
tus dedos se mueven
descubriendo esas formas que simplemente están
entonces alzas la mirada y te encuentras con mis ojos sonrientes
y me regalas esas preguntas tuyas
silenciosas…

Tu perfume llena la casa esta mañana en que sólo estamos tú y yo
haciendo fiesta con tus descubrimientos.

Eres el nombre que llevo en la boca desde que llegaste a mi vida: Mateo

Tu voz



Dormir con tu recuerdo todos estos años,
me enseñó a olvidar tu voz.
Ni desde tan cerca ni desde tu distancia infinita
alcanzo a percibir tu sombra.

Sin embargo voy por tu melena,
estoy aún en tu brindis por las noches
incendiando los besos que desparramas en mi ausencia.

Nada de sábanas blancas,
nada de ganas locas,
nada de secretos
Nada de nada.

Qué puerta olvidé cerrar?



Por dónde llegas hasta mi?

Por qué espacio te cuelas?

Qué puerta olvidé cerrar?


Vienes volando entre medio del polvo a colarte en mis sentidos
y ser perfume de madrugadas.

Sin querer
Vuelvo a sentir tus manos sobre mis ojos
tu boca sobre mis labios
tus dedos en mi espalda
tu nariz en mi ombligo...