miércoles, 18 de noviembre de 2009

Extracto


Se acostó como todas las noches al lado del hombre que acompañaba sus días con desgano y frialdad, los últimos diez años. Cerró los ojos para recitar en silencio su prédica nocturna y pensar en sus tres hijos que a esa hora dormían abrigados, cómodos, sanos, hermosos y felices.

Lentamente comenzó a caer en un sueño profundo, conforme iba recordando al amor lejano y eterno que había hecho de ella una adolescente radiante y finalmente una mujer feliz. Volvía al pensamiento recurrente, al recuerdo impreciso de la última noche en sus brazos, volvía a preguntarse con fuerza cada noche qué habría sucedido con su vida si ese invierno, diez años antes, ella no lo hubiese despertado solicitándole la llevara a casa. Si esa madrugada no hubiese sido la última vez que se vieron. Cada noche, como todas sus últimas noches, se quedó dormida con el recuerdo tibio y formulando constantemente la misma muda pregunta (...)

Esa mañana despertó aliviada de todo pesar anémico característico de sus amaneceres. La luz del sol entraba por otro lado esta vez, el colchón era levemente más blando y las sábanas celestes ahora eran albas y suaves. Abrió los ojos extrañada aunque con una sensación de placidez que la llenaba por completo. Se encontró súbitamente bajo el mismo techo de aquella habitación amante que había abandonado una fría madrugada de invierno diez años atrás. A su lado, el cuerpo de Él le daba la espalda. Pensó que se desvacencía de terror. Recordaba con espanto las horas anteriores en que había besado la frente de sus hijos dándoles las buenas noches y había llegado a SU cama a recordar lo que en ese preciso instante estaba tocando...

De pronto, el frío y los acelerados latidos de su corazón viajaron por todo su cuerpo cuando él se dio vuelta y la abrazó preguntando como si nada y como siempre: "¿quién se quedó dormida?"

Se besaron apasionadamente como antaño. En el calor de sus cuerpos entrelazados no había lugar a preguntas. La necesidad imperiosa de vivir ese segundo, de no perder de nuevo esa humedad, la embargaron de tal manera que no recordó nada más.

Ese momento era más bien un sueño real e inolvidable. Nada podía hacerle pensar que ese momento fuera cierto, que todo lo que ella había hecho en los últimos diez años en realidad no existiera. . Sumergida en ese soplo de pasión y ternura, hizo suyo ese cuerpo amado. Revivió cada una de sus ilusiones de la mano de ese hombre al que ella admiraba tanto. De aquel al que había buscado en cada esquina la última década de su vida.

Volvieron juntos a la ducha aquella mañana de quizás qué día en quizás qué mes de quién sabe qué año.

Volvieron a amarse tiernamente. Desesperadamente. Una y otra vez.

(...)Sintiendo la suave alfombra bajo sus pies, caminó hasta el sofá donde había aún rastro de su ropa, una ropa que no recordaba y que probablemente ya no le quedaría buena. ¡¡¡¡¡Había tenido tres hijos desde aquella noche!!!

¿cómo era eso posible?

¿Dónde estaban ellos?

(...)

Cerró los ojos y cayó de rodillas preguntándose qué minuto de la última década había sido cierto.
(...)

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