jueves, 14 de enero de 2010

Me despojo aquí y ahora

Me despojo aquí y ahora de todo lo último que dije,
de las despedidas que inventé para dejarte ir.
Me despojo aquí y ahora de todo el desconsuelo con el que dormí las últimas noches.
Vengo de madrugada a encerrarme en tu invisible abrazo,
en tu imaginario cuerpo,
en tu cálido recuerdo para que tú me contengas con el silencio de siempre.
Sujeto con fuerza las amarras a tu pueto nuevamente para que lleves mis temores y mis desencantos.
Lléname con tu sonrisa lejana una vez más para quedarme ahí por siempre y no me dejes volver a escapar.
La adranalina en mis venas me llevó demasiado lejos de ti y ya no quiero;
no quiero volver a escabullirme por las dimensi0nes de un amor que no fue.
Llena mi vida otra vez de ti.
LLena los espacios que él dejó abrigados de vacío.
Permite que me inunde del encanto de tus ojos claros en cada ángulo de mis angustias.
Voy a trepar por las horas perdidas y recuperar las letras que guardé para ti.
Me despojo aquí y ahora de los recuerdos fervientes de mis últimos días.
(Oct. 2009)

A tu lado

Bajando desde el palco para sentarme a tu lado,
encontré las notas de este piano, de estas cuerdas oxidadas
que me empujaron a revivir ese primer relato juvenil.
Ignorar el frio del concreto antiguo
fue un desprecio inútil a tu espalda indiferente,
tus ojos no repararon en el escote de esa noche estival
y mis pies determinaron entonces
seguir solos el camino.

Tu puerto

Por las ventanas de las hojas viejas
va el otoño rasguñando vidrios de colores,
va cuesta abajo camino al mar
intentando atrapar olvidos e ilusiones que solté tiempo atrás.
Ahora que dejé enterrado tu nombre en ese lejano jardín,
el invierno de junio no me tocará;
ahora que solté las amarras,
el muelle de tu puerto caerá sin saber nadar.

En el bosque

Iba perdida
aunque no asustada,
pisando hojas,
absorbiendo la humedad de aquella tarde
en la que se quedó olvidada en medio de la gigantesca arboleda.
Cuando aprendió a mirar tan alto y guiarse por el sol,
sus zapatos ya no huían del averno.
Sus recuerdos ya no pertenecían a lo terrenal,
el horizonte sólo estaba en la copa de las florestas,
el día y la noche eran una sola cosa
como el latido en su pecho,
la suma del sístole y el diástole.