jueves, 27 de mayo de 2010

A punto de quemar mis naves...

Descalza iba por los versos del olvido delirando con los antiguos besos,
desnuda iba por la desolación y el silencio
en un paisaje infinito de heridos recuerdos.
El aroma de nuestro pasado juvenil le hacía muecas a la luna.
Nunca era una palabra eterna donde su mirada se perdió para Siempre.
Mi corazón herido lo buscó en las tinieblas de una distancia absurda
de kilómetros y siglos
y ahí lo encontró
como antes
como siempre
sin ser el mismo, era aquél.
Y en el segundo de la despedida supe que dejaba en ese espacio
en ese ínfimo y esperado beso,
mi vida.
Abandoné entonces su puerto
y tomé rumbo desconocido
a toda vela
cegada por las lágrimas de una partida obligada, desentendida...
Cuando ya llegaba a la orilla
y estaba a punto de quemar mis naves
llegaste tú.

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