miércoles, 15 de diciembre de 2010

En memoria






Pensaba en lo glorioso que es darse cuenta de las cosas buenas de la vida,



reparar en ello y agradecerlas.



Pensaba en los abrazos que guardamos, en los besos que no damos, en todos los momentos que almacenamos sin llegar a revivirlos.



Todo esto al recordar y dar gracias por haber abrazado por última vez al hombre bueno que nos dejó hace una semana.



Haber podido recordar con él una etapa de mi vida tan maravillosa de la que él fue parte.



Haber reido juntos con esos recuerdos, notar que para él habían quedado tan latentes como para mí misma, que a pesar de nuestra diferencia de edad y de vidas tan distintas, esos recuerdos nos unían en una alegría común.



Me volví a vestir de colores, si. Porque sé que él nos querría alegres.



Y yo lo recuerdo alegre. Recuerdo su voz sonriente.



Recuerdo sus historias, sus dibujos, su letra hermosa, sus chistes.



Recuerdo a la Rosalía...



Me gusta pensar que le di los abrazos y las gracias que de niña no le di, pero que siempre me acompañaron.



Siempre quise volver a encontrarlo y manifestarle lo maravilloso que había sido para nosotras, para mí.



Y lo hice. Y él a su vez me agradeció a mi por haberlo querido tanto, por haber sido con él como fuimos.



Es probable que incluso así, él haya partido sin saber cuánto lo quisimos.



Cuánto valoramos cada una de las cosas que él hizo por nosotras, desde dejarnos jugar tardes enteras en "la fábrica" dónde él con toda su creatividad hizo un mundo de fantasía para nuestros corazones abandonados, hasta hacer de nuevo el baño de su oficina para que las "niñitas" pudieran usarlo.



No hay nada que mitigue este dolor de no verlo más, ya lo he dicho antes.






Enero de 2009



a mi querídisimo Tío Sandro, QEPD